Una luz en la oscuridad


La luz de la llama se extingue lentamente, mientras los pálpitos de su corazón se aceleraban a medida que la única salvación en medio de la nada se extinguía. Trataba de mirar que había a su alrededor, trataba de aferrarse de algo que le ayudará a mantener el valor, su respiración agitada era la única que le hacía compañía, y sus pensamientos el que le animaba a seguir creyendo que algo bueno sucedería.

¬¿Eira?, ¿dónde estás?, ¡no te sigas escondiendo, que me estas asustando!, gritaba Consuelo al llamar la niña, mientras Eira la observaba detrás del padre árbol, en medio de sonrisas la pequeña niña se llevaba su delicada mano a la boca para evitar que su madre la escuchara y lograra descubrirla detrás del árbol. ¬ ¡ahí estás! Jajajajaja, entre carcajadas la madre consiguió a la niña, y el padre árbol danzaba sus ramas mientras el viento silbaba el canto de risas.

Era lo que más en ese momento Eira deseaba en el mundo, que su madre la encontrara,  deseaba que en vez de una casi ya extinguida llama que alumbraba aquel sombrío lugar, fuese la luz de aquel azul y bello cielo que su memoria la llevaba a recordar, deseaba abrazar al padre árbol como refugio para no sentirse sola, y no tener que abrazar sus rodillas para no poder sentir frío, deseaba volver a mirar de nuevo aquellos grandes y hermosos ojos negros de su madre, oler su ondulado y largo cabello negro  y sentir una vez más sus frágil brazos enlazando su cuerpo.

Una lágrima corrió por su pálida mejilla al observar el último suspiro de aquella llama que se despedía de la niña Eira, ¬ no llores mi niña, que no estarás mucho tiempo en la oscuridad, confía en mí., y con esas últimas palabras la llama se apagó y en medio de la oscuridad Eira se quedó, sus lágrimas comenzaron a brotar como agua de manantial y su llanto se hizo escuchar.

¬ ¡Eira!, abre tus ojos, ¿y dime que observas?, escucho la niña una dulce voz que le susurraba al oído, y al levantar su cabeza abrió sus grandes ojos llenos de lágrimas, observando muy cerca de su nariz, a una pequeña niña con alas y brillante como la flama que acababa de partir. ¬ ¿Eira, dime que observas?, le volvió a repetir la pequeña hada a la niña,- Eira levantó su mirada observando a su alrededor, ¬ ¿veo mucha luz?, preguntó la niña al hada con voz solloza, ¬ así es Eira, ¿pero qué más ves?...

Eira se levantó del suelo, y limpiando las lágrimas  de sus mejillas, observó,..

¬ ¿un camino?, preguntó de nuevo al hada, mientras el hada se acerba a su nariz,

¬ así es Eira, es un camino, nos iremos a casa,- respondía sonriendo el hada,

¬ no sabía que estaba allí, y la llama no alumbró mucho para yo ver,- explico la niña mientras frotaba su ojo,

¬ Eira, la llama te hizo compañía para darte valor mientras llegaba mi luz y mostrarte la salida, la salida siempre estuvo ahí, solo que la poca luz no te la pudo mostrar, ven caminemos a la salida, te llevare como tu mamá.

La niña caminó junto al hada hasta la salida y al llegar una luz que cegaba segundos sus grandes ojos, hizo que Eira al volver a mirar, se encontraría junto al padre árbol que tanto deseo abrazar, entre risas Eira había vuelto al bosque donde solía jugar y en el fondo escuchaba a su madre gritar, ¬ ¿Eira, dónde estás?....  


Extracto de La princesa de Cristal...
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