Como la arena en mis manos

Fue un despertar una mañana en medio de un estallido sin sentido, no sabía qué pensar, no sabía cómo expresar sus sentimientos en ese momento, tormenta (como así lo hacía llamar su padre) no sabía cómo controlar su ira, su impotencia, su malestar. Se preguntaba innumerable de veces por qué no podía mantener la situación controlada como solía hacerlo y en un segundo de pausa, su mirada quedaba fija en la nada mientras empezaba a recordar…

Tormenta era alegre, divertido, jovial, sin complicaciones, optimista, inteligente, el gran pensador (o realmente lo que los otros pensaban de él). Todo aquel que lo conociera quería estar con él, pero así como tenía aliados también estaba el que asechaba, una sombra oscura, la maldad y la envidia unida en una sola alma.

Pasaron los años y el joven Tormenta creció con sus ideales y pensamientos, forjó palabras que llegaron a la montaña más alta del mundo, construyó grandes héroes que con el tiempo se convirtieron en sus protectores, cosechó una rosa que le tomó varios años entender, que para hacer raíces no solo es labrar la tierra, sino también regar la planta para hacerla crecer.


Una mañana cálida y con un radiante sol, tormenta se encontraba en el bosque jugando entre los árboles y las flores, sus amigos de infancia y de juegos. En una aparición el acechador se dio a conocer por primera vez antes los ojos del joven tormenta, tormenta con algo de desconfianza observó de pie a cabeza aquel joven de oscura apariencia, que se hallaba a sólo un paso de su cuerpo... Mientras el joven de oscura apariencia observaba fijamente a los ojos de tormenta...

Continuara...

Enero, 2017
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